LA HIPÓFISIS Y SU RELACIÓN CON EL HIPOTÁLAMO
El hipotálamo y la hipófisis guardan estrechas relaciones anatómicas y funcionales; a su vez, estas estructuras regulan la función de diversas glándulas endocrinas, como el tiroides, las glándulas suprarrenales y las gónadas. El hipotálamo y la hipófisis contribuyen de forma decisiva a regular el crecimiento, el metabolismo, la lactancia y el equilibrio hídrico.

La hipófisis se compone de dos partes distintas: 1) el lóbulo anterior o adenohipojisis, que deriva, desde el punto de vista embriológico, de una invaginación celular ascendente de lacavidad bucal (bolsa de Rathke), y 2) el lóbulo posterior o neurohipáfisis, que procede de una proliferación celular que desciende desde el tercer ventrículo. La hipófisis se comunica con el hipotálamo a través del tallo hipotalámico o hipofisario.

Existe una enorme semejanza en la estructura química de las hormonas glucoproteicas tirotropina, FSH y LH, todas ellas segregadas por las células basófilas. Asimismo, se observa una homología estructural entre la prolactina y la GH, ambas segregadas por las células acidófilas. Las células corticótropas sintetizan una preprohormona que contiene la secuencia de los aminoácidos de la hormona adrenocorticótropa (ACTH) y de las hormonas estimulantes de los melanocitos (MSH). La ACTH humana se produce en la adenohipófisis, aunque en condiciones normales la cantidad de las MSH es muy baja. Pese a que la administración de MSH al ser humano oscurece la piel, pues aumenta la síntesis del pigmento negro melanina, es muy probable que las alteraciones pigmentarias de las enfermedades endocrinas se deban principalmente a cambios en la ACTH circulante, porque esta posee una actividad MSH.
FUNCIONES FISIOLÓGICAS DE LA HORMONA DEL CRECIMIENTO
Depósito de las proteínas en los tejidos. La GH es una hormona proteica anabólica que produce un balance nitrogenado positivo. Aumenta la captación de aminoácidos en la mayoría de las células y la síntesis de proteínas a partir de ellos.
Utilización de la grasa como sustrato energético. La GH moviliza los ácidos grasos del tejido adiposo y fomenta la utilización preferente de ácidos grasos libres como fuente de energía. Esta acción de la GH, junto con sus efectos anabólicos de las proteínas, determina un incremento de la masa corporal magra. Los efectos lipolíticos de la GH tardan varias horas en manifestarse. Como mínimo, parte de este efecto se debe a las acciones de la GH, que modifica la captación de la glucosa por los adipocitos. La GH aumenta las concentraciones plasmáticas de los ácidos grasos libres y de los cetoácidos, por lo que es una hormona cetógena.

Modificación en la utilización energética de los hidratos de carbono. La GH reduce la captación y utilización de la glucosa por muchas células sensibles a la insulina, como las de los tejidos muscular y adiposo. El resultado es que la glucemia tiende a elevarse y la secreción de insulina aumenta para compensar esta resistencia a la insulina inducida por la GH. Así pues, la GH es una hormona diabetógena.
Alteraciones en la secreción de la hormona del crecimiento y repercusión sobre el esqueleto
La importancia de la GH para el crecimiento lineal se refleja en los estados clínicos asociados a la carencia o exceso de secreción de esta hormona antes de que se cierren las epífisis. Cuando la secreción hipofisaria de GH resulta deficitaria, la talla es baja (enanismo). En cambio, los niños crecen mucho (gigantismo) cuando los tumores de las células somatótropas de la adenohipófisis segregan grandes cantidades de GH. Si un tumor hipofisario segrega GH después del cierre de las epífisis, se produce la variante del adulto, llamada acromegalia, que se caracteriza por un crecimiento lineal normal, pero un ensanchamiento de las manos y pies, protrusión de la mandíbula (prognatismo) y un crecimiento excesivo de los huesos de la cara. Además, casi todos los órganos internos aumentan de tamaño. Los efectos antiinsulínicos de la GH pueden acabar propiciando una diabetes mellitus en los estados con un exceso crónico de esta hormona.
LA NEUROHIPÓFISIS Y SU RELACIÓN CON EL HIPOTÁLAMO
Las hormonas neurohipofisarias ADH y oxitocina se sintetizan como preprohormonas en los somas de las neuronas magnocelulares de los núcleos supraáptico y paraventricular:
Luego son transportadas en gránulos de secreción, por los axones, hasta las terminaciones nerviosas del lóbulo posterior de la hipófisis. La ADH se sintetiza principalmente en el núcleo supraóptico, y la oxitocina, en el paraventricular, aunque cada hormona se puede sintetizar también en el otro núcleo. Los gránulos de secreción que contienen ADH u oxitocina pueden llevar, además, otra proteína, la neurofisina, que forma parte de la preprohormona. Cuando un impulso nervioso viaja desde el soma de las neuronas magnocelulares por el axón hasta la terminación nerviosa, la neurohormona y la neurofisina correspondientes se liberan desde los gránulos secretores hasta la sangre capilar como polipéptidos diferentes. La ADH y la oxitocina son estructuras polipeptídicas similares que solo difieren en las posiciones de los aminoácidos 3 y 8.

Funciones fisiológicas de la oxitocina
La oxitocina desempeña una misión importante en la lactancia, al facilitar la expulsión de la leche. La oxitocina contrae las células mioepiteliales de los alvéolos de las glándulas mamarias, lo que impulsa la leche desde los alvéolos hasta el conducto para que el bebé pueda aspirarla. El reflejo de expulsión de la leche es iniciado por los receptores situados en los pezones. La succión determina la estimulación refleja de las células neuroendocrinas de los núcleos supraóptico y paraventricular que contienen oxitocina, y la secreción de esta desde la neurohipófisis. Después, la oxitocina circulante hace que las células mioepiteliales se contraigan, expulsando la leche.
La oxitocina contribuye al parto. La oxitocina también contrae el músculo liso uterino; la sensibilidad de esta respuesta se potencia por los valores plasmáticos de los estrógenos, que aumentan durante el embarazo. Durante el parto, el descenso del feto por el canal del parto estimula los receptores del cuello uterino, que envían señales a los núcleos supraóptico y paraventricular, propiciando la secreción de oxitocina. A su vez, esta contribuye al parto produciendo la contracción del útero.